Tuberculosis
13 de noviembre de 2025 | Preguntas y respuestas
La tuberculosis es una enfermedad causada por el bacilo Mycobacterium tuberculosis que afecta casi siempre a los pulmones. Cerca de una cuarta parte de la población mundial ha contraído la infección por este patógeno. En general, las personas infectadas no se sienten enfermas ni transmiten el bacilo.
La tuberculosis es la principal causa de mortalidad en el mundo provocada por un patógeno concreto. En 2024, causó la muerte de 1,23 millones de personas, 150 000 de ellas infectadas por el VIH.
La mayoría de las personas infectadas por el bacilo tuberculoso no contraen la enfermedad, aunque en algunos casos puede producirse: entre el 5 y el 10 % de las personas infectadas acaban presentando síntomas y enferman de tuberculosis. Sin embargo, las personas inmunodeprimidas —por ejemplo, las que padecen desnutrición o diabetes y las infectadas por el VIH— y las que consumen tabaco corren un riesgo mucho mayor de contraer la enfermedad. Dado que algunas personas con enfermedad tuberculosa solo presentan síntomas leves y otras no muestran ninguno, hay enfermos que tardan en buscar atención médica, con el consiguiente riesgo de transmitir el bacilo a otras personas. La infección tuberculosa y la enfermedad tuberculosa no se tratan del mismo modo.
La tuberculosis suele afectar a los pulmones y puede causar diversos síntomas. Un signo frecuente de la tuberculosis activa es la tos persistente, a veces acompañada de mucosidad e incluso de sangre. También pueden aparecer dolor torácico, debilidad o cansancio, pérdida de peso involuntaria, fiebre y sudores nocturnos. Es importante recordar que, al principio, puede no haber síntomas o que estos sean leves y evolucionen lentamente.
La tuberculosis se transmite de una persona a otra a través del aire. Cuando un enfermo de tuberculosis pulmonar tose, estornuda o escupe, libera bacilos tuberculosos al aire. Basta con inhalar unos pocos para resultar infectado. Una persona con tuberculosis sin tratar puede infectar, por contacto directo, a entre 10 y 15 personas a lo largo de un año.
La OMS recomienda realizar una prueba rápida de diagnóstico como primer paso a todas las personas que presenten signos y síntomas de tuberculosis. Estas pruebas ofrecen una gran precisión diagnóstica y contribuyen de manera notable a detectar la enfermedad en una etapa temprana, incluso cuando existe farmacorresistencia.
El diagnóstico de las formas de tuberculosis causadas por bacilos resistentes a los medicamentos, incluida la tuberculosis multirresistente, exige pruebas específicas. La detección mediante radiografía de tórax y otras herramientas permite detectar la enfermedad tuberculosa en una etapa temprana, incluso en personas sin síntomas. En las personas que no padecen la enfermedad pero presentan mayor riesgo de contraerla, las pruebas de detección de la infección tuberculosa permiten determinar cuáles se beneficiarían del tratamiento preventivo.
La tuberculosis puede curarse en la mayoría de los casos; sin embargo, sin el tratamiento adecuado, cerca de dos tercios de las personas que contraen la enfermedad acaban falleciendo. Desde el año 2000, el diagnóstico y el tratamiento eficaces han salvado la vida a alrededor de 83 millones de personas. La mayoría se cura gracias a un tratamiento con cuatro antimicrobianos durante seis meses, o incluso solo cuatro meses en algunos casos. Para lograr un resultado satisfactorio, resulta fundamental que los pacientes reciban información, supervisión y apoyo por parte de un trabajador de la salud o de un voluntario capacitado.
La tuberculosis puede prevenirse en gran medida. Puede administrarse un tratamiento preventivo a las personas con riesgo para impedir que la infección progrese y se convierta en enfermedad. También se puede reducir la morbimortalidad con medidas poblacionales como tamizaje y las intervenciones frente a la pobreza, la malnutrición, el VIH, la diabetes y el tabaquismo. La vacuna BCG, que es la vacuna antituberculosa actualmente autorizada, protege frente a las formas graves de la enfermedad y reduce la mortalidad, especialmente en los niños pequeños.