La historia de Lisa
Lisa, 40 años, directora de marketing, Reino Unido
«He tenido cuatro abortos. Cada vez que pasa, muere una parte de ti. El más traumático fue el primero. Fue la primera vez que me quedé embarazada. Estábamos tan contentos por el embarazo. Pero cuando fuimos al hospital local, en el sureste de Inglaterra, para la ecografía de la 12.ª semana, me dijeron que había tenido un aborto sin saberlo, o un ‘aborto silencioso’, lo que significa que el bebé estaba muerto desde hacía mucho tiempo, pero mi cuerpo no había dado ninguna señal. Me dijeron que, aunque sabían que el bebé no estaba vivo, según la política del hospital, tenía que esperar una semana y volver para realizar una ecografía de confirmación. Estaba destrozada. Tampoco podía creer que me enviaran simplemente a casa con mi bebé muerto dentro y sin darme consejos sobre lo que debía hacer.
Mi cuarto aborto fue una noche de Fin de Año. En esos momentos atravesaba un momento realmente difícil, y mi relación de pareja también. Durante cuatro años, no había cesado de intentar quedarme embarazada, de estar embarazada o de tener abortos. Me sentía culpable por seguir queriendo tener un bebé: ya tenía un hijo, ¿por qué necesitaba tanto otro?
Soy consciente de que los servicios de salud públicos, incluso en países ricos como el Reino Unido, cuentan con una financiación insuficiente. Sé hasta qué punto el personal médico y de enfermería está desbordado. Sin embargo, no cuesta nada mostrar empatía y ofrecer apoyo emocional. He observado que a veces no se te trata como un ser humano que acaba de perder un bebé, sino como un problema médico. En lugar de restar importancia a mi pérdida diciéndome que les pasa a muchas mujeres al principio del embarazo y que no se puede hacer nada, podrían haber mostrado compasión ante nuestra pérdida y dolor.
Las mujeres que pierden un bebé tienen la impresión de no poder hablar de ello porque el personal del hospital les da a entender que no vale la pena: te hacen sentir bastante ridícula. La actitud extendida de que la pérdida precoz del embarazo no tiene importancia empuja a las mujeres hacia la oscuridad. Y eso no ayuda a nadie. Tenemos que exteriorizar nuestra pena, es la única manera de superarlo.»